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ENTRE LINEAS

Políticamente incorrecto ... o correcto

Cuestión de porcentajes

Cuestión de porcentajes Ayer se celebraron elecciones al decanato del colegio profesional al que estoy obligado pertenecer para seguir ejerciendo la profesión que paga mis facturas. Se presentaron hasta siete candidaturas para el cargo de Decano. Seis hombres y una mujer. Ganó, como no podía ser de otra manera, la mujer. Es la primera vez en la historia que, el colectivo de profesionales en el que debo estar, tendrá Decana en lugar de Decano. Pero los varones que se sientan inquietos por el hecho que sea una fémina la que represente a la profesión y no un hombre, deben respirar tranquilos. Al ser mujer siempre será valorada un veinte por ciento menos que los de nuestro género aunque, llegar hasta dónde está, le haya costado un cincuenta por ciento más.

El mejor gobierno

El mejor gobierno Esto de acertar en el mejor gobierno para un país no lo encuentro tan complicado. El saber qué equipo aplicará la mejor política económica, quién se acercará más al estado del bienestar, no es tan difícil. Quién o quienes nos procurarán o acercarán a la trilogía de la vida: "salud, dinero y amor" es tarea sencilla. Me explico. Cuando se hacen públicas los resultados de las principales empresas españolas, año tras año, ejercicio tras ejercicio, invariablemente desde su fundación, podemos ver o escuchar que "El Corte Inglés", esos grandes almacenes, incrementan sus beneficios con respecto al año anterior. Este, ni más ni menos, que un 30%. Y pensar que nuestro País se da con un canto en los dientes con incrementar el P.I.B. en un 3%.


No, no soy un ser materialista y no solo pienso en los resultados económicos. Se que son importantes la salud y el amor. También eso nos lo solucionan los grandes almacenes, porque ¿quién ha pasado frío o calor en el interior de cualquier sucursal de "El Corte Inglés", sea verano, otoño, invierno o primavera? ¿quién no ha encontrado un ambiente saludable en cualquiera de las dependencia de los almacenes ? Como mucho algún que otro resfriado, pero nada más. Lo del amor ya es otro cantar, pero con la despensa y el bolsillo llenos y sin necesidades de "Viagra" inmediatas, el amor debe venir por añadidura. Así pues, como corolario, debemos cambiar nuestro gobierno por el Consejo de Administración de "El Corte Inglés" que es el que, hoy por hoy, nos acerca más al "Mundo Feliz" y quién cubre nuestras necesidades con abundancia.


Y cuando digo que nos debiera gobernar el consejo de administración de "El Corte Inglés", es a modo de ejemplo. No es que haga proselitismo de esos grandes almacenes o que les tengo un trato de favor. No. Se podría arbitrar un sistema muy simple. Nada más nos tendríamos que poner de acuerdo en elaborar una lista de las principales empresas del País y, aquella que tuviese mayores beneficios económicos, sería su consejo de administración o los gestores de la misma quién nos gobernaría. ¡¡La cantidad de problemas que ahorraríamos!! . De entrada el ahorro del gasto electoral, que no es poco, aparte del "bombardeo" propagandístico de las diferentes opciones políticas. Y no quiero ya ni pensar, hablando de política, de los señores que la hacen... ¡¡¡ que descanso !!!.


El modelo propuesto tiene el valor añadido de que es exportable a todos los países del Mundo, con lo que al tener similares sistemas de gobierno, no tendríamos los sobresaltos cuando al Sr. Putin le da por rescatar rehenes en teatros y devalúa el rublo o cuando a Bush le da por montar una guerra en cualquier lugar del planeta. Al final, haciendo desaparecer a todo esa fauna política, además de favorecer a los mortales que somos nosotros, ellos también saldrían ganando porque se dedicarían a lo que en realidad saben hacer. Nada.

El vello "público"

El vello "público" Cuando llega esta época del año en la que la canícula deja al descubierto, por la escasez de las prendas con las que nos vestimos, nuestras evidencias, siempre me hago la misma reflexión. Para llevar la ropa interior también necesitamos dignidad. Esa reflexión se hace ruego, cuando por razones de mi heterosexualidad, me fijo en la ropa interior que se adivina o se patentiza en las señoras de cualquier edad y condición. Vaya por delante que, como a la mayoría de los integrantes ejercientes de mi género, me gusta la mujer con braga pequeña. Esa que, en su parte delantera cubre nada más que la zona genital y que, por detrás, consiste en una cinta estrecha. Pero en período de transparencias, telas finas y pantalones situados a medio vientre ese influjo que en mi ejerce esa prenda femenina, tiene sus límites. Y es que, señores y, sobre todo, señoras, hay fronteras del decoro que no se pueden pasar. No se pueden embutir unas nalgas de cien centímetros por lado en una braga pequeña. Eso es una crueldad. Si además esa braga pequeña es de color rojo y la cubre un pantalón que, en las dimensiones en las que nos estamos moviendo, se ajusta a la nalga como pellejo, de color blanco lino transparente, eso es un atentado visual de magnitudes considerables.






No digamos cuando, en aras a una supuesta sensualidad, el ejemplar descrito se traslada a la playa y, la inconsciente, persiste en que su dos piezas (o una) sea de idénticas dimensiones a la de su ropa interior. Puede llegar a ser monstruoso si se visualiza no ya solo la parte posterior, sino la anterior. Si, aquella zona donde, con total seguridad, el vello púbico, se ha convertido en vello “público” por mor de un encogimiento de prendas y un agrandamiento de carnes. Y es que, nuestra belleza, no la realzaremos más escatimándola en prendas, sino dotándola de los recursos adecuados.